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Ciudad Real, 09-11 de Mayo de 2017

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NOTAS DE PRENSA

"Los viñedos eran el paisaje mágico de mi infancia"

El escritor manchego, José Luis Morales, revive en Fenavin las vendimias literaturizadas de su infancia

10.05.2011 | 

Hoy a las 18 horas han tenido lugar en Fenavin las intervenciones de Agustín Gil del Pino, abogado y copropietario de Bodegas Arúspide y del periodista, escritor y profesor, José Luis Morales, que ha rememorado con añoranza, las vivencias de su infancia en su Mancha natal y en estas tierras de viñedos.

Agustín Gil del Pino, abogado y copropietario de Bodegas Arúspide de Valdepeñas, siempre ha estado ligado al mundo de la tertulia literaria, actividad que organiza habitualmente en su bodega. Para él, "Vino y Poesía son sinónimo de amistad". Sentimiento que demuestra hacia su inestimable amigo, José Luis Morales, al que define como un poeta de prestigio que ha conseguido cuatro de los mejores premios de este país y que está en camino de lograr el quinto. Un hombre al que en realidad describe como "Caballero de Calatrava, mitad monje, cazador y conquistador de amigos".

José Luis Morales (Fernán Caballero -Ciudad Real-, 1955) se define a sí mismo como Manchego, hijo de Calatrava, y ha comenzado su intervención agradeciendo las palabras elocuentes de Agustín sobre su persona. También a Fenavin y a Manuel Juliá, su director, por contar con él para 'unir' Vino y Literatura. Morales es licenciado en Filosofía e Historia, "periodista de carnet, no de carrera", escritor y poeta. Ha escrito seis libros de poesía, gracias a los cuales ha cosechado cuatro premios nacionales (entre ellos el Premio Nacional José Hierro) y uno internacional (el 'Miguel Hernández'), cuatro títulos de crítica, dos de teatro y varios de viajes.

'Las vendimias de mi infancia' relatan simpáticas anécdotas de su niñez en la finca vitícola de sus abuelos, allá por los años 50. Sus experiencias de niño en aquellos tiempos de durísimo trabajo en la viticultura, en 'La Puebla' (Ciudad Real), junto al río Jabalón, en la carretera de Calzada de Calatrava, "donde no había agua corriente sólo el plantío. "La uva se llevaba en carros tirados por mulas y yeguas a la cooperativa de Miguelturra o de Fernán Caballero. En su mayoría era uva blanca de la variedad macabeo o airén y, en menor medida, tinta cencibel o tempranillo, pero todas procedían del mismo viñedo".

Morales relata la recolección de la uva, como uno de los trabajos en el que más se implicaba toda la familia: desde los niños que llevaban el botijo o cestillo, a modo de aguadores, hasta los cabeza de familia que trabajaban "de sol a sol" para recoger los racimos, e incluso los abuelos se ocupaban de la comida, "unas gachas o migas en sartén con trébedes de las que se daba buen uso con una navaja bien afilada y un cantero de pan. Una infancia feliz y añorada que tuvo lugar entre espléndidos viñedos, para él: "paisajes mágicos".

Sin duda, un gran escritor que con sus palabras ha logrado calmar el ajetreo propio del primer día de feria y que ha permitido que los asistentes se evadieran de la realidad por un instante para acompañarle en sus días de niñez.

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