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Ciudad Real, 09-11 de Mayo de 2017

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SALA DE PRENSA

NOTAS DE PRENSA

En Europa hacen falta vinos elegantes y raros para luchar contra los mas simples que vienen del nuevo mundo

En la mesa sobre vinos singulares se habló del único petit verdot rosado del mundo; de los blancos riojanos, el "coupage" de vinos del Ródano en Gerona y del malvasía sobre cenizas del volcán Timanfaya de Lanzarote

07.05.2007 | 

La singularidad frente a la globalización centró la primera mesa redonda de FENAVIN 2007 sobre los vinos singulares de España, que coordinó el director de Efe-Agro, José Luis Murcia. Cuatro zonas geográficas distintas, Picón en Castilla-La Mancha; San Vicente de Sonsierra en Rioja; El Grifo de la isla de Lanzarote y Gerona mostraron el encanto de sus peculiaridades.

José Luis Murcia abría la mesa dejando claro que "existen un buen número de razones por las que un vino puede ser considerado 'singular': por las peculiaridades de la región, por las condiciones de su terruño, por la variedad o variedades utilizadas, por las técnicas aplicadas en la elaboración, por la forma de llevar a cabo la crianza…".

Susana López, enóloga de la Bodega Pago del Vicario (Picón, Ciudad Real), comentaba cómo "la gente joven está ávida de cosas y sensaciones nuevas, y cada año buscan un vino distinto". En esta bodega castellano-manchega de Pago del Vicario han sacado un petit verdot rosado, como curiosidad, único rosado monovarietal con Petit Verdot del mundo; así como un tempranillo blanco 2006, y procuran sacar cada año vinos diferentes, e incluso envases distintos, teniendo hasta más de medio docena de envases.

"Se trata de dar valor al terruño y al pago, y elaborar vinos sin complejos, con los que luchar desde Europa frente a los vinos del nuevo mundo, de markéting más agresivo pero vinos menos complejos que los europeos", añadía López.

Para quien quiere que le sorprendan

Laura Montero, de la bodega Clos D´Agon de Calonge (Girona), fundamenta la singularidad de sus vinos en trabajar con variedades del Ródano francés en terrenos españoles: "Nuestro consumidor busca algo diferente, y aquí nuestra particularidad es elaborar un "coupage" de tres variedades del Ródano, como son la Viognier, Roussanne y Marsanne, que proceden de zonas donde no las mezclan, y hacer algon ovedoso en la costa Brava". "Hay un tipo de consumidor que busca que le sorprendan, vinos raros, con personalidad propia, y nosotros elaboramos éstos", añadía.

Montero elabora 'Clos D'Agon Blanco', un difícil ensamblaje de estas tres peculiares uvas blancas de origen francés, que dan lugar a excelentes monovarietales y además están autorizadas, en diferentes proporciones y condiciones, a formar parte de vinos tintos franceses de gran prestigio, lo que da fe de su nobleza y de su valor enológico.

Buscar el equilibrio

Abel Mendoza, propietario de la bodega de su mismo nombre en La Rioja, apuesta por los vinos genéricos y sin clasificaciones tradicionales, así como por recuperar variedades minoritarias como Malvasía, Torrontés y Garnacha Blanca, o sea hacer buenos vinos blancos en Rioja, donde la mayoría apuestan principalmente por los tintos. Para Mendoza, "ni lo tradicional es malo porque sí, ni lo moderno bueno, sino que hay que buscar el equilibrio y dar a los consumidores vinos elegantes y atractivos".

Mendoza relató su experiencia como 'rescatador' de variedades autóctonas de La Rioja. Desde hace cuatro cosechas viene experimentando con diferentes castas minoritarias -como la Garnacha Blanca o la Malvasía riojana- en una apuesta personal, plenamente artesana, por sacar del olvido a estas nobles uvas. Siempre con crianza sobre lías en barrica, pero a partir de viñedos a diferentes alturas y con distintos suelos, Abel Mendoza asegura que "disfruto mucho haciendo esto, pero aún nos faltan algunos años, cuatro o cinco, para saber más y llegar a donde queremos llegar".

Vendimiar en julio sobre cenizas de volcán

Rosa Villar, de El Grifo de Lanzarote, cuenta con la peculiaridad de poder vendimiar a mediados de julio, suelo vegetativo los 365 días del año, y cultivar en suelos de cenizas producto de la explosión del volcán Timanfaya en el siglo XVIII, de modo que sus racimos descansan sobre estas cenizas o lapilli, en agujeros o guerías, dando a estos vinos Malvasía una peculiaridad única.

Según explicó esta enóloga canaria, que hace vino en la isla más norteña de Canarias, "estamos hablando de pequeñas cantidades, porque producimos un millón de kilos, la mitad de lo que da Lanzarote, donde hay 2.300 hedtáreas de viñedos, y cuyo sistema de plantación y recogida es bastante primario o manual, y donde tenemos problemas de agua".

Con una latitud de 28º, una pluviometría de 150 mm/año y el constante azote de los alisios, el cultivo de viñas en Lanzarote, y de Malvasía en concreto, podría parecer casi imposible. La solución a estos obstáculos es, lógicamente, radical: la parada vegetativa se induce con la poda; la densidad de plantación es de 300 a 900 plantas/Ha; los hoyos y los muros de piedra volcánica protegen las viñas de la fuerza del viento… y toda labor mecánica es sencillamente inabordable. Ante semejantes condiciones, la singularidad de los vinos procedentes de esta tierra es poco menos que obligada.

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